EMBAJADA DE LA VIRGEN

¡Dios te salve!, Virgen Pura,
desvalida y sin consuelo,
que no tienes más caudales
que penas y sentimientos.
Eres la Reina del Cielo,
 estrella del Universo,
aunque las tocas son tuyas,
quien las compre yo las vendo
para ayudar a enterrar
al Rey de la Tierra y Cielo.

EMBAJADADE SAN JUAN

¡Dios te salve!, Virgen Pura,
Hija del Eterno Padre
y Madre de mi Maestro,
prepara y no te acobardes
para sufrir estas penas
y estos martirios tan grandes
que a mi Divino Maestro
hoy los verdugos le hacen.
Dentro de Jerusalén,
con sogas a la garganta,
de tribunal en tribunal
como a un ladrón ya lo atan.
Ya le han firmado su muerte,
y el pueblo al César clamaba:
"¡crucifiquen, crucifiquen!"
y a Pilatos se lo mandan;
el juez, viendo su inocencia,
al punto sus manos lava,
y como el pueblo le invoca:
"¡crucifiquen, crucifiquen!",
él, temeroso del César,
y más de fuerza que haya,
firmó de muerte sentencia,
el viernes por la mañana;
forzoso será que muera.
Le coronaron de espinas,
y con una cruz a cuestas
por la calle la Amargura
para sufrir más afrentas.
Ya suenan las griterías,
las trompetas y pregones,
sus Divinos Pies descalzos
quebrados a tropezones;
una mujer atrevida
su hermoso rostro limpióle;
dio su cuerpo tres caídas
antes de llegar al monte;
para ayudarle a la cruz
un Cirineo le ponen,
lo van a crucificar
en medio de dos ladrones.
Oh! pues si queréis ver
caminemos de contado,
que por pronto que lleguemos
ya lo habrán crucificado.

LA SENTENCIA DE PILATOS

Esta es la recta justicia
que en el Tribunal se ordena
al Presidente Pilatos,
para escarmiento y en pena
de este Hombre sedicioso,
fanático y que blasfema
ser el Mesías venturoso,
según en la Ley se expresa,
afirmando que su Padre
es dueño de Cielo y Tierra,
siendo Hijo de José,
carpintero en Galilea
y de una Mujer María,
padres de muy baja esfera;
y por su extraña osadía
y su entrada rara y nueva;
¡en Jerusalén con ramos
entró como si Rey fuera!;
por oponerse al tributo
que tan debido es al César,
manda el Imperio Romano
que entre dos ladrones muera
crucificado en un leño,
y su causa se refiera
fijada en él, donde el pueblo
entienda bien y confiera
sus maldades, y dijera:
"¡Jesús, el Rey de Judea!";
y así se manda que conste
para que su muerte sea
con tanto mal, y que acabe:
"¡Por su delitos y culpas
mandaron crucificarle!".

SENTENCIA DEL ETERNO PADRE

Esta es la recta sentencia
que el Eterno Padre manda
que en su Unigénito Hijo
con todo el rigor se haga;
por ser fiador del hombre,
para dar entera paga
por sus delitos y culpas,
por su rebeldía ingrata;
para redimir la culpa
primera que Adán pecara
y salgan de las tinieblas
los Santos Padres que estaban
aguardando que viniera
el que prometido estaba.
Así su Bondad Divina
y Voluntad Soberana,
dispone que muera el Hijo
porque así a su siervo salva;
manda ser crucificado
sirviendo la Cruz de ara;
muera ese manso Cordero
para que así satisfaga
a la Justicia Divina
por el Hombre a quien tanto ama;
pues su amor así lo quiere,
sufrirá afrentosa muerte
y después la Eterna Patria.

  Volver