En el año 1215 Santo Domingo de Guzmán funda la Orden de Predicadores en Tolouse, siendo confirmada solemnemente al año siguiente por S.S. Honorio III quien le confiere el Título propio de "Predicadores". En 1274 el Superior General de la Orden, Fray Juan de Vercellil, recibió de S.S. la “Constitución Numperim” con el mandato de venerar el Nombre de Jesús, y confiriéndole el privilegio de instalar en todas las Iglesias de los conventos de la orden un altar dedicado a su devoción. Por S.S. Pío IV, fueron aprobadas y unidas a la tarea pontificia las Cofradías del Dulce Nombre de Jesús mediante la Bula "Iniuctum Nobis", aprobando sus Constituciones y poniéndolas bajo su protección, pasando a ser Pontificias Archicofradías del Dulce Nombre de Jesús.

En cuanto a la Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús de Archidona, fue establecida en el antiguo Convento que la Orden de Predicadores de Santo Domingo erigió en nuestra ciudad en la primera mitad del s. XVI. Ya en el año 1531 hay una referencia a la existencia del Convento en las Actas Capitulares del Cabildo de la Villa, por una concesión de aguas (A.H.M. de Archidona), y por la licencia que para su construcción dio D. Pedro Giron, III Conde de Ureña, a Fray Reginaldo Montesino con fecha de 10 de septiembre de ese mismo año; siendo dotado y fundado mediante escritura extendida en Osuna el 17 de marzo de 1547 por D. Juan Téllez Girón, IV Conde de Ureña, y bendecida su Iglesia y Cementerio el 24 de octubre del mismo año por el Obispo de Málaga D. Bernardo Manrique (A.H.M. de Málaga). No obstante se habla en algunos documentos de un convento anterior, llamado “el convento viejo”, situado en la calle Siles (S.S. de Archidona, Historia y Tradiciones).

Se sabe que en 1548 ya consta que existía en Archidona la devoción al Dulce Nombre de Jesús por Catalina Sánchez, que en su testamento de fecha 24 de marzo pide que la entierren en el convento de Santo Domingo y que se digan por su ánima 30 misas al Dulce Nombre [Narciso Morales]. La primera vez que aparece en los documentos nombrada la Cofradía del Dulce Nombre lo encontramos en 1585 por otro testamento, el de Luis Sanchez Sarmiento, que manda que en su entierro le acompañen los hermanos de la dicha Cofradía.

Desde entonces, impulsado por la Orden Dominicana y con los lógicos altibajos producidos por los avatares de la historia, ha existido ininterrumpidamente en nuestro pueblo la Archicofradía del Dulce Nombre junto a una gran devoción a su Titular que nosotros, sus hermanos de ahora, tratamos de perpetuar.